PLE - Mario Jordá Irún
La educación en el siglo XXI puede
ser considerada una de las disciplinas más reprimidas de esta época. Sin hablar
de leyes, cambios, reformas, tradicionalismo, precariedad, recortes… Sino
centrándose en la poca orientación hacia el desarrollo de cada una de las
personas que reciben algún tipo de educación. Cada vez es más frecuente evaluar
competencias y desarrollar habilidades, no centrarse tanto en los contenidos,
en memorizar todo lo necesario para pasar una materia y hacer su
correspondiente prueba evaluativa. Parece mentira, pero es un paso de gigante
en la forma de ver y vivir la educación. El hecho de hablar de ser capaces de
desempeñar tareas en lugar de centrar toda la atención en reproducir unos
contenidos es un gran avance, pero, por desgracia, no se consigue avanzar tan
rápido como lo hace el entorno.
Las últimas amenazas para la
educación fácil y tradicional (es decir, la educación vaga) son las
inteligencias artificiales generativas. Como todo en la vida, un mal uso puede
resultar aterrador para los docentes, mientras que muy sencillo y tentador para
el alumnado. El profesorado dedica más tiempo a buscar herramientas para
descubrir aquellas tareas en las que el alumno recurre al plagio o deja volar
la imaginación de la IA que a fomentar un buen uso e incluso intentar
comprenderlas, sin olvidar a aquellos que se hacen llamar educadores que prefieren
vivir en la felicidad de su ignorancia y prefieren dejar de ver la realidad de
sus propias aulas.
Por suerte, cada vez son más las
personas educadoras que se modernizan desde sus comienzos, aplicando y
fomentando técnicas o disciplinas. Ahí es donde entra el PLE, o Entorno
Personal de Aprendizaje. El PLE no es una novedad, ya con sus más de 20 años de
vida puede convertirse en una farsa si no se actualiza ni se aplica a la
realidad. El PLE no deja de ser un conjunto de elementos personalizados que
buscan favorecer el proceso de aprendizaje. Desde las personas y las experiencias
hasta la localización y los materiales, todos los elementos pueden ser definidos
para cubrir unas necesidades de aprendizaje de un grupo, o pueden ser ofrecidos
para que cada individuo cree su propio PLE, haciendo honor a su nombre y reuniendo
unos recursos totalmente personalizados.
Y, ¿Cómo se puede unir esto con
las inteligencias artificiales? Pues potenciando el afán del joven estudiante
de experimentar con la novedad. En un aula no es fácil favorecer a la creación
total y desde cero de un PLE por cada alumno, no existen espacios ni
combinaciones de compañeros, profesores y recursos para satisfacer a cada uno
en todos los aspectos, pero sí se puede establecer una base dentro del aula e
incentivar a completar ese PLE fuera de ella. Un PLE no es algo fijo, que
permanece en el centro escolar o en el lugar de estudio habitual en casa de
cada alumno, sino que va unido a la persona allá a donde va. Por supuesto el
lugar puede influir en el rendimiento y el aprendizaje, pero cualquier
dificultad puede ser opacada o resuelta con una batería de recursos
favorecedores.
En definitiva, dejar al alumnado experimentar,
investigar y conocer herramientas, técnicas, recursos… no prohibir o limitar el
uso de, por ejemplo, las IA. Que el esfuerzo del docente vaya dedicado a potenciar
un pensamiento crítico y resolutivo, que permita enfocar el uso de todos los recursos
al alcance del alumnado para ampliar su entorno de aprendizaje, no solamente en
su etapa académica, sino que evolucione con el aprendizaje a lo largo de su
vida.
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